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Thursday, 16 July 2009


Bar Yojáy, figura clave
del misticismo judío

Shlomó Avayou

Como ocurrió en la poesía griega con la obra de Homero, en los orígenes de la poesía hebrea -es decir, en la Biblia- también aparecen las obras maestras de la lengua que servirán como modelo para un sinfín de generaciones futuras. Los Salmos, el Cantar de los Cantares y otros capítulos de este gran libro, son reconocidos como obras ejemplares del patrimonio humano.
Atravesando casi un milenio más de creación poética hebrea de discutible valor estético, la segunda época de oro de esta literatura se produce en la península ibérica. En forma bastante esquemática, se puede decir que los siglos IX y X de la España musulmana sirvieron como aprendizaje para el florecimiento que se manifiesta durante los tres siglos posteriores, mientras que los siglos XIV y XV, ya bajo el dominio de la España cristiana, representan un período de decadencia caracterizado por una producción poética inferior a la de la Andalucía musulmana. En otras palabras, casi doscientos años antes de la expulsión de 1492 las letras hebreas ya estaban perdiendo vigor y originalidad.
Entre las cumbres poéticas de Sefarad y la aparición, en Europa, durante la segunda mitad del siglo XVIII de la literatura hebrea laica y moderna, tenemos una poesía derivada de la hebrea española, humilde seguidora de los maestros anteriores. Las únicas luces de originalidad y de vigor creativo en este pobre valle son los himnos inspirados por la Cábala, es decir, por las distintas corrientes del misticismo judío. Una figura clave de esta poesía será Moisés Israel Najjara (1555 – c.1625). Dentro de este panorama, Rabí Shimón Laví, autor del “Himno a Bar Yojáy”, puede considerarse como uno de los nexos entre Sefarad y la diáspora posthispánica.

* * *
Himno a Bar Yojáy

R. Shimón Laví (siglos XV-XVI)

1. Bar Yojáy, bienaventurado tú, ungido con aceite
2. de alegría por tus compañeros.

[Esfera Maljút =Realeza]
3. Bar Yojáy, del atributo de santidad fuiste ungido,
4. por un sagrado aceite de unción,
5. llevaste la diadema de la corona santa
6. cubriendo tu cabeza, como un adorno.

[Esfera Yesod =Fundamento]
7. Bar Yojáy, el día de tu huida ocupaste la morada
8. del bien, aquel día que escapaste
9. para refugiarte en la rocosa gruta.
10. Ahí te investiste de majestad y esplendor.

[Esfera Netsaj, Hod =Eternidad, Esplendor]
11. Bar Yojáy, árboles de acacias erguidos
12. estudian las Ciencias divinas
13. con una luz de allende, refulgente, arden.
14. He ahí que te enseñan tus guías.
Negrita
[Esfera Tiferet =Gloria]
15. Bar Yojáy, y al vergel de las manzanas
16. subiste para recoger esencias.
17. Secretos de la Torá, botones y flores.
18. “Crearemos un hombre”, fue dicho por ti.

[Esfera Guevura =Poder]
19. Bar Yojáy, te ceñiste con fuerza y luchaste
20. en nombre de la Ley,
21. sacaste la espada de su vaina,
22. desenvainaste contra tus perseguidores.

[Esfera Jessed =Bondad]
23. Bar Yojáy, al sitio de las piedras de mármol
24. llegaste frente a Aries, Gran León;
25. alcanzaste la cima de la Osa Mayor.
26. Contemplas, ¡y nadie te concibe!
.
[Esfera Bina =Inteligencia]
27. Bar Yojáy, en el Sacrosanto, una Raya Verde
28. renueva los meses del año,
29. las Siete Semanas, el misterio de los Cincuenta.
30. Te ataviaste con los secretos del Shin.
.
[Esfera Jojma =Sabiduría]
31. Bar Yojáy, Yud, Antigua Sabiduría,
32. contemplaste Su gloria interior.
33. Treintidós senderos, inicios de la ofrenda.
34. Tú, querubín, ¡luz ungida, esplendor!

[Esfera Keter =Corona]
35. Bar Yojáy, Luz prodigiosa, sublime altura;
36. sentiste temor de contemplar su intensidad.
37. Misterio. Nada es Su nombre.
38. Disertas, ¡y nadie te percibe!
.
39. Bar Yojáy, ¡bienaventurada tu madre!,
40. ¡bienaventurado Pueblo que aprende de ti!,
41. ¡bienaventurados los que descifran tu misterio,
42. investido con las preciosas piedras del Pectoral!

Traducción del hebreo: Rafael Encaoua y Shlomó Avayou

* * *
El autor

Rabí Shimón Laví (nació en España en 1480 y falleció en Trípoli, c.1580), fue una de las grandes autoridades rabínicas de la generación de los expulsados de España. Versado en los estudios talmúdicos y cabalista venerado en Norteáfrica, Laví escribió el libro Ketem Paz (= Oro Luminoso), cuyo contenido se alude en el título: P = Perush, es decir, comentario, y Z = Zohar, el gran libro de la Cábala, escrito por Rabí Isaac de León en el norte de la península ibérica durante el siglo XIII.
En la versión hebrea del himno, siguiendo las palabras “Bar Yojáy”, aparecen insertas las iniciales del nombre y del apellido del escritor, de acuerdo con el uso antiguo entre los poetas medievales.
Disponemos de algunos datos sobre el autor: perseguido por la Inquisición, escapó de España a Norteáfrica. Como víctima de una obstinada persecución religiosa, no es difícil comprender su identificación con el héroe de nuestro himno. Con la intención de instalarse en la Tierra Santa, incorporada en 1517 al tolerante Imperio Otomano, salió hacia el Oriente. A su paso por Trípoli, en Libia, se escandalizó por la precariedad cultural de la comunidad judía del lugar, en comparación con las de España, Marruecos o Argelia. Para contribuir a elevar el nivel religioso y cultural de las comunidades asentadas en Libia, se radicó allí por casi cuatro décadas.

Entre la historia y la leyenda

Según el uso conocido entre los antiguos, quienes para revestir a su obra de autoridad negaban su autoría atribuyéndola a un sabio eminente del pasado, Isaac de León insistió en que el autor del Zohar, fue R. Shimón Bar Yojáy.
¿Por qué, precisamente, este sabio de la época romana? Es probable que la razón tenga su origen en la leyenda de la persecución de Bar Yojáy y su refugio, junto con su hijo, en una cueva. Resguardados de los romanos, sobrevivieron gracias a un diminuto manantial de agua y a un árbol de algarrobo que ocultaba la entrada. Ahí estudiaron la Torá durante trece años. Esta experiencia le proporcionó un halo de recluso, receptor de secretos místicos y venerado gran maestro para generaciones de cabalistas hasta hoy día.
El histórico R. Shimón Bar Yojáy, vivió en el siglo II D.C. y fue uno de los Tanaím, es decir los sabios compiladores de los seis libros de la Mishna (c. 200 D.C.), obra fundamental que servirá de base al Talmud (c. 500 D.C.) y escrita en Palestina en un hebreo de refinado estilo que enriqueció la lengua y amplió el reducido vocabulario bíblico.
Bar Yojáy fue uno de los discípulos de Rabí Aquiva, favorecedor del mesiánico y legendario Bar Kojbá, comandante de la última gran rebelión (años 123-125 D.C.) contra el Imperio Romano.
El emperador Adriano, harto de la resistencia judía, que estallaba una y otra vez, reaccionó con firmeza y crueldad. Aparte de grandes matanzas y el exilio masivo de los rebeldes, siguió la política de aniquilar la identidad del pueblo judío y de su patria, conocida hasta entonces como Judea y Galilea. El emperador romano optó por la denominación de Palestina en honor a los filisteos, enemigos de los bíblicos israelitas desaparecidos varios siglos antes. Además, la dividió en tres: Primera, Segunda y Tercera palestinas. Jerusalén fue bautizada como Ilia Capitolina, y bajo el castigo de muerte se prohibieron la circuncisión, el estudio de la Torá y se aplicaron otros medios para borrar la identidad de los vencidos. Un gran numero de viejos sabios, que guardaban en su memoria las tradiciones orales, fueron torturados y ejecutados.
.
La versión castellana

La traducción de un himno, cuyo original hebreo oculta bajo su lenguaje exterior una miríada de alusiones místicas descifradas sólo por los iniciados, no es fácil.
En el proceso de traducción del texto transcrito, hecho conjuntamente con Rafael Encaoua, miembro de la comunidad sefardí de Caracas y buen conocedor de la literatura rabínica, nos hemos servido de la traducción al francés y de las excelentes interpretaciones de las alusiones místicas registradas de boca de su maestro norteafricano, Prof. Rafael Benizri, hoy residente en Bélgica.
Aparentemente, los nombres de las esferas que encabezan cada una de las estrofas del himno fueron agregados más tarde por comentaristas del “Sidur” sefardí (=el libro de los rezos). Las esferas son las emanaciones de la manifestación divina en el universo, concepto fundamental de la filosofía neoplatónica integrada, con otros elementos antiguos, por la Cábala.
Sin intentar agotar el contenido oculto del himno, o aclarar todas las alusiones, simbología y términos cabalísticos, me limitaré a estas pocas anotaciones:

verso 5
La diadema de la corona se refiere, probablemente, a los “Tefilín” (=las cintas de las filacterias en las que, al rezar, el creyente envuelve su brazo izquierdo y su cráneo).

verso15
El vergel de manzanas significa el Jardín del Edén, el paraíso.

versos 21-22
En las palabras sacaste la espada de su vaina no se refiere tanto al acto de levantar armas contra los romanos, como a la gran proeza de Bar Yojáy, quien recurrió al contenido místico (la espada) oculto en la Torá (la vaina) para alentar la resistencia del pueblo judío frente a sus perseguidores.

versos 23-25
Bar Yojáy atravesó lo aparentemente opaco: las piedras de mármol y logró vislumbrar las transparentes alturas superiores a las constelaciones, privilegio negado a la percepción de los mortales comunes.

verso 27
La Raya verde puede estar relacionada con los ciclos lunares, que son, junto con el ciclo Solar, la base del calendario y de las fiestas judías.

verso 29:
Las Siete Semanas y el misterio de los Cincuenta se refieren al número de los días del “cómputo del Omer”, que comienza en el segundo día de Pesáj (Pascua): Siete semanas hasta la fiesta de Tabernáculos (Shavuot, semanas, en hebreo,). Al día siguiente, día cincuenta, Moisés recibió la Torá en el monte de Sinaí. En virtud de que en los primeros treintidós días de este cómputo una gran cantidad de discípulos de R. Aquiva murieron en la rebelión, los sefardíes de hoy no consideran estas fechas aptas para festejar bodas.
En el día treintitrés (=Lag baOmer, en hebreo) se festeja “la Hilula de Bar Yojáy” sobre su tumba, ubicada en Merón, en la Alta Galilea. Con este motivo se encienden fogatas en las afueras de la ciudad en imitación al antiguo uso judío de comunicar con las “nuevas lunas” del calendario y los niños se arman con arcos y flechas como los guerreros valientes de Bar Kojba.

verso 30
Los misterios del Shin, la penúltima letra del alfabeto hebreo, aluden a dos de los nombres de Dios: Shaday ( la Shin de las filacterias) y Shalom.

verso 31.
Yud, la primera letra del tetragrámaton (=el nombre de Dios), simboliza la Sabiduría Primordial consultada por Él cuando creó el mundo.

verso 33
Los treintidós senderos se refieren, entre otros aspectos, al valor aritmético de las letras de Lev (corazón, en hebreo), superior al intelecto en la contemplación de lo oculto.

verso 42
Las piedras preciosas del pectoral que llevaba el gran sacerdote del templo en Jerusalén servían como un oráculo adivinador. De allí que a Bar Yojáy se le atribuya el don, casi profético, de intuir los mensajes de la divinidad ocultos dentro el aparente texto literal, exterior, de la Torá.

El himno a Bar Yojáy, además de ocupar un lugar preeminente en la litúrgica consagrada, goza de una enorme popularidad entre los sectores humildes de judíos orientales y sefardíes, quienes lo recitan de memoria acompañado de varias melodías. Los norteafricanos, por ejemplo, lo conocen como himno del Sábado, mientras que los sefardíes balcánicos lo canturrean en la conmemoración de los muertos.
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Tuesday, 14 July 2009

En mi noche, sobre mi lecho
(Beleili al mishkavi...)

Rabí Moshé Ibn ´Ezra
(Granada, 1055 – después de 1135)

En mi noche, sobre mi lecho/ designios en mi alma se mueven
Y para confesar mi deuda / me levanté antes del alba
Y para evaluar mi situación ante Dios / me desperté
Para ver que dirá contra mi / y qué responderé reprimenda/reproche
.
¿Quién se levantará delante de Él / sin tenerle temor a su ira?
¿Y cómo esperará su voluntad / y sus manos llenas de sangre?
Y de la oscuridad de sus pecados / se oscurecerán las estrellas de la tarde.
Y lo sitiarán sus perversidades/ como entre dos leones.

Traducción del hebreo – Shlomo Avayou
El texto original de libro Tor haZahav, pag. 226-228
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Poetas hebreos en la corte
del monarca marroquí
Ali ibn Yusuf (1106-1143)
Shlomó Avayou

Casualmente, por estar incluido en el Diván (=colección de las obras) de Yehudá Haleví (Tudela, c. 1075-Egipto, c. 1141), con la respuesta poética de este gran maestro de la poesía hebreoespañola nos ha llegado este poema escrito por don Shlomó (Abu Ayyúb) Ibn Almuallim (Sevilla, 1080-Marrakesh, 1160), que he traducido del hebreo original. Se trata de la única obra conocida de este poeta casi ignorado, la cual, sin pretensiones de ser una obra maestra, está provista de gracia y candidez.
La poesía hebrea en la península Ibérica fue creada en medio milenio (siglos X-XV) y su historia forma parte del patrimonio cultural judío e hispánico. El poema de Ibn Almuallim, fruto de uno de los “artistas menores”, al margen de los grandes nombres clásicos, nos sirve para evaluar el notable desarrollo cultural de la sociedad española musulmana, cristiana y judía, que produjo la “Era de Oro”.
Según el uso de aquellos días en la Andalucía musulmana, los poetas árabes, y sus seguidores judíos en las artes de la palabra, acostumbraban intercambiar cartas escritas en la más escrupulosa métrica y las más rígidas reglas de la poesía. También en las tertulias y campeonatos literarios que se festejaban normalmente en los jardines y patios, acompañados con música, bailarinas y abundancia de vino, si a un participante le dirigían un poema, este último tenía que improvisar una respuesta poética empleando el mismo estilo y la misma métrica utilizada por su adversario. Esta tradición introducida a la península ibérica desde el Oriente semítico, tendrá, en los siglos siguientes, muchos seguidores en las literaturas cultas y populares de todos los pueblos hispánicos.
En una de sus visitas a España, Ibn Almuallim envió el poema a Haleví, a quien conoció años atrás recién llegado de Castilla. Sabemos de la respuesta de Haleví y de un amigo más. Para el momento en que llegó el poema el destinatario no se encontraba en la ciudad, por lo que fue recibido y contestado por otro afamado miembro de la tertulia literaria granadina de entonces: Moisés Ibn Ezra (Granada c. 1055-Norte de la península, c. 1140), y así logró Ibn Almuallim recibir dos respuestas en lugar de una.
Durante su estancia en Marruecos Ibn Almuallim mantuvo correspondencia con Andalucía, desde donde recibió un poema laudatorio de mano de otro gigante de las letras hebreas de entonces, Abraham Ibn Ezra (Tudela, 1092-fuera de España, 1167).


* * *

Poema de amistad a Yehudá Haleví


¿Será la nube que se derrama o serán mis ojos?
¿Se incendia el relámpago o esa conmoción en mis entrañas?
¿Es el rostro de Yehudá o es la luna que ilumina?
¿Será esta su luz o, quizás, el fulgor del mediodía?
Paladín de sabiduría, que en las luchas
demostró su proeza intelectual, ejemplar.
La alegría que era tan nuestra en su compañía
desapareció después de su despedida de mí.
La luz de mis días por él se eclipsó
y mi albor se volvió crepúsculo.
Latían nuestros corazones al unísono
y al irse, el mío, se partió en dos.
Arrebató como prenda mi alma, a pesar de que Dios
no admite semejante abuso con el afligido.
Tan escasa la tranquilidad en mi alma,
y tan abundante esa congoja en mi corazón.
Adornos de mi alma, al dejarme, se vuelven andrajos,
y el velo de aflicción la esconde de las miradas.
He aquí este poema mío atestiguando
que por tu ausencia las lagrimas saturan mis mejillas.
Si no estuvieran mezcladas con mi sangre,
no podrían las nubes contener tanta agua.
No obstante, lo escribí con ojos llorosos
frente a este Tiempo envidioso de nuestra amistad.
Te saludo, compañero, y muy dolido
tu vagabundeo amargamente deploro.
Mucho más allá de lo que me dijeron
me impresionaste al verte cara a cara.
Como los ángeles que sorprendieron a Jacob, el patriarca,
me sorprendieron las obras de tu mente.
Hasta que dije: qué bienaventurada Castilla, esa tierra
que te acogió como un hijo ilustre.
Con el llanto amargo de Jacob por el exilio de José,
su hijo, en Egipto, a ti, en Granada, te añoro.

* * *
Médicos, poetas y más

Además de poeta, diplomático, cortesano y médico, Ibn Almuallim fue Nasi (= presidente) de las comunidades judías y honrado con el título Vezir, que para entonces significaba “ciudadano ilustre” y no necesariamente “ministro”. El famoso filósofo, Maimónides, quien conoció al hijo de Ibn Almuallim, nos cuenta que su fama era tan grande que el mismo sultán marroquí, gran monarca de los Al Murabittun (= los Moravedíes), ‘Ali Ibn Yusuf, Ibn Thashpin, fundador de Marrakesh en 1062, lo invitó desde Sevilla a su nueva capital norteafricana, junto con otro medico judío, Abu Hasan Meir Ibn Kamniel.
La siguiente anécdota nos demuestra que los Moravedíes no eran tan fundamentalistas y oscurantistas como los describen algunos historiadores españoles: el monarca musulmán, quien sentía afecto por sus médicos importados de Andalucía, tuvo interés en enterarse de las interpretaciones judaicas del los Cantan de los cantares. Ibn Almuallim opinó que era un tratado sobre el amor entre pastores y pastoras, lo que escandalizó a su compañero Ibn Kamniel. Para éste, tales explicaciones eran una peligrosa herejía e insistía en que dicha obra es una alegoría de las sagradas relaciones entre Dios y su pueblo elegido.
Los historiadores nos dan pocos detalles más sobre don Kamniel: su alegre y dichosa juventud discurrió en Granada. De ahí tuvo de huir después del año 1090, al caer la ciudad bajo el poder de los Almoravedíes. Como consecuencia de esta invasión pasó unos azarosos años vagabundeando en Castilla, Navarra y Aragón. Uno de sus admiradores le dedicó un poema, felicitándolo al volver de Portugal a Toledo. En él lo alaba como ministro y como “Alhakim (= medico).
Ibn Kamniel llegó a ser uno de los ricos de su Aljama (= Judería) y, entre otras misiones diplomáticas, fue mandado a Portugal por el rey cristiano: este país fue separado pocos años antes, en 1095, del reino de León y dado por Alfonso VI a su yerno, el príncipe de Burgundia. Es probable que Ibn Kamniel fuera mandado allí por Alfonso VI. Al volver de Portugal, no tardó en casarse con su novia.

Abu Ayyub... y “los hijos de Job”

Tengo que confesar que la selección del poeta Shlomó (Abu Ayyub) Ibn Almuallim, se debió también a un capricho particular, que tiene que ver con el origen de mi nombre y apellido.
Como descendiente de los expulsados de España que se refugiaron en el Imperio Turco Otomano, me sedujo la idea de buscar los orígenes de nuestro apellido, derivado de la antigua alcurnia árabe de Abu Ayyub (= Padre de Job). Las peripecias de mis antepasados quedaron registradas en mi libro Los hijos de Job, todavía inédito. No, no soy descendiente del poeta Ibn Almuallim, ni tampoco del mucho más famoso Shlomó Ibn Gabirol, también conocido entre sus contemporáneos con la alcurnia de Abu Ayyub, quien nunca contrajó matrimonio ni tuvo descendientes.
Lo cierto es que hasta el siglo XII, siguiendo la nomenclatura árabe, un judío llamado Shlomó se conocía fuera de la sinagoga con su alcurnía (de aquí en ladino alkunya) o “equivalente” árabe “Abu Ayyub”. Al refugiarse estos “judíos arábigos” en los reinos cristianos del Norte, donde se desconocían las sofisticaciones de la cultura musulmana, esa alcurnia se convierte en un apellido para toda la familia. La documentación más antigua del apellido “Avayu”(!), en caracteres latinos, aparece en una lista de pagadores de impuestos al rey de Navarra. Esta lista, fechada en 1258, la encontré en el primer tomo de Navarra Judaica, obra compilada por el profesor Juan Carrasco, de Pamplona, España.
Cabe advertir que la búsqueda de antepasados tiene sus riesgos: nadie te puede asegurar que encontrarás sólo poetas, médicos o elocuentes cortesanos: en una carta del rey de Aragón a su Baile (=representante) en Valencia, mandada en marzo o abril del año 1324, se habla de dos hermanos, Yoséf y ...Shlomó Abu Ayyub(¡), que atacaron a Samuél, hijo de un “mercader de trapos”, litigado con su padre ...y lo asesinaron en “el mercadal” de dicha ciudad, en plena luz del día... ¡Que horror!

Este articulo se publico en Maguen-Escudo, Caracas, 1999?
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Sunday, 12 July 2009

“El León Santo” y sus cachorros

Shlomó Avayou

El arameo: nuestra ¿segunda? lengua sagrada

Los más antiguos fragmentos de poesía incluidos en los primeros libros de la Biblia, atestiguan una sofisticada tradición artística, que no podía ser creada de la noche a la mañana y a la que es ineludible ver como una herencia recibida de las civilizaciones semíticas más antiguas. Algunos lingüistas opinan que algún dialecto arameo fue, probablemente, la lengua original de los primeros israelitas que surgen desde el desierto y conquistan las antiguas y cultivadas tierras de Canaán. Los cananeos, quienes fueron vencidos o asimilados por los invasores monoteístas, hablaban el hebreo, lengua en la que desarrollaron, siglos antes de la aparición de los israelitas, una poesía elaborada que era enseñada y utilizada en los templos paganos y en las cortes de sus “reyes”, vasallos de los faraones de Egipto.
Es hartamente conocido que el arameo sirvió como lingua franca entre los egipcios, los hititas y los babilonios de Mesopotamia. Es evidente que esta lengua está estrechamente atada a la cultura judía desde sus más remotos orígenes y existen testimonios que demuestran que nunca dejaron de utilizarla junto con el hebreo. Gracias al Talmud, escrito en ambas lenguas, hasta el alumno principiante debe familiarizarse con un considerable número de palabras y términos en arameo, sin darse cuenta de que está aprendiendo una “lengua ajena”.
Jesús, por ejemplo, no conocía ninguna lengua aparte del hebreo y el arameo. En su época, la élite cultural, concentrada en Judea, utilizaba el hebreo, y la obra maestra del momento, la Mishna (c. año 200 D.C) fue escrita en esta lengua. Las capas más humildes y especialmente las de la Galilea, menos arraigadas en la religión y menospreciadas por la clase intelectual y religiosa, utilizaban el arameo. Una razón más para el poco entusiasmo de los jerusalemitanos por el Nazareno.
En contradicción con los primeros siglos antes y después de Jesús, en la España medieval y más tarde en la diáspora posthispánica, el hebreo era entendido y hablado entre gran número de hombres. Precisamente, por ser el arameo poco conocido y algo enigmático para la gran mayoría del público, fue preferido por los místicos para componer obras en prosa como el famoso Zohar y para revestir sus himnos con un aura sublime, más allá del alcance de los sencillos mortales. A ello se debe que el siguiente cántico de Sábado, del cual presento mi versión castellana, haya sido compuesto en arameo.

Con estas alabanzas lograré
(Azamer biShevajin...)
Negrita
Rabí Isaac Louria (1534-1572)

1. Con estas alabanzas lograré,
por las sendas me adentraré
en el vergel de las manzanas,
que, por cierto, santas son.

2. Vengan, salgamos a invitarla
a la mesa, puesta y preparada,
iluminados nuestros rostros
con la preciosa almenara.

3. A la derecha y a la izquierda
y en el centro, ella, la novia.
Con alhajas y joyas anda,
con atavíos y ricos ropajes.

4. Su marido la abraza
y en su fundamento,
para satisfacer su deseo
la aferra y la aprieta.

5. Llantos y dolores son
negados, anulados.
Tan rebosantes los rostros,
las almas y los espíritus.

6. Alégrense hasta el colmo,
doble sea el regocijo.
La Luz que no fallará,
multitud de bendiciones.

7. Acérquense, discípulos,
hagan los arreglos.
Preparen los manjares,
aves y pescados también.

8. Para fortalecer los espíritus
y reanimar las almas,
las Treintidós vías
y el Triple Tronco.

9 Adornada con los Setenta
para el rey de las Alturas.
Ya se corona la novia
para el Santo Santísimo.

10. Ocultos y segregados
de los mundos, en lo hondo.
Y el Antiguo, por lo tanto,
uniéndose se estremece.

11. Ojalá Su voluntad elija
residir sobre su pueblo,
que se deleita en su honra
con almíbares y dulces.

12. En el lado sur colocaré
el místico candelabro,
y en el norte dispondré
la mesa con sus panes.

13. Con el vino en el vaso
y los manojos de mirto,
para la novia y el novio
por el agobio colmados.

14. Le trenzaremos coronas
con elocuentes invocaciones,
con Setenta ornamentos,
además de los Cincuenta.

15. La Shejiná se adorna
con seis de cada lado,
con escarpias se trenza
y los demás aderezos.

16. Ya cesaron, están vedados
malhechores de toda índole,
los dañinos que oprimen,
los impuros, alejados.

Anotaciones

El cántico revela hasta qué medida su autor impregnó con un denso simbolismo el recibimiento del Sábado: el banquete, la música, las velas encendidas, los dos panes, etc., que acompañan la mesa puesta en la tarde del viernes, la cual se eleva a las alturas del altar y de la Mesa, con seis panes de cada lado, situada en el Templo de Jerusalén.

Estrofas 1 y 16. Se alude al paraíso. El canto abre el camino bloqueado por las fuerzas del mal.

Estrofas 2-3. El Sábado, femenino en hebreo, se compara a la Reina, a la Novia de los días ordinarios (masculinos, en hebreo) que la escoltan, a la derecha y a la izquierda. Las oraciones y los cantos son para invitarla al banquete.

Estrofa 4. Fundamento es el nombre de Yessod, una de las diez esferas. En el esquema antropomórfico de esas emanaciones divinas, conocido como Adam Qadmón, (= “el Hombre Primordial”), dicha esfera corresponde a los órganos genitales.
La reconciliación entre los elementos femenino y masculino aparece en tres planos: en lo divino con la Shejina y Dios; en lo ritual con la Reina Sábado y los días ordinarios. Lo enigmático se aclara un poco más, con el tercer plano, el humano, conociendo la recomendación tradicional de la noche de viernes como la propicia para la conjugación íntima de los “discípulos de los Sabios” con sus esposas.

Estrofas 4, 10 y 15. Con la destrucción del Templo de Jerusalén y la salida masiva del pueblo judío a la Diáspora, la Shejina, la parte femenina de la divinidad, fue exiliada de la parte masculina, referida aquí como “el novio” o “el marido”. La cópula divina, alegórica, entre estos dos elementos sagrados, celebrada en el Sábado, es como un principio o un ejemplo de la soñada unificación final que se realizará en la Redención.

Estrofa 8. Se alude a los treintidós senderos o vías que conducen a lo oculto, y el tronco, o el sarmiento triple, se refiere a las tres partes de la Biblia Judía, conocidas en el mundo cristiano como el Antiguo Testamento: Pentateuco, Profetas y Hagiógrafos.

Estrofas 9 y 14. Setenta es el valor aritmético de la palabra “vino” en hebreo y la bendición de este vino santifica a Dios. Cincuenta se refiere a las bendiciones recibidas por los tres patriarcas.

* * *

“El que sabe calla, y el que no sabe habla”

En el mundo de los místicos, sin distinción de religiones, las palabras tienden a profanar y lo ideal sería callar: “El que sabe calla, y el que no sabe habla”, insisten todos y yo, distancias aparte, estoy de acuerdo con ellos. Pero todos sucumbimos al urgente anhelo de comunicar y al inevitable compromiso de utilizar la lengua, con todo lo frágil y pagano, diría yo, que esta creación, humildemente humana, implica.
El encanto irresistible, lo incomprensible de la magia de los textos divinos, no es un fenómeno restringido a la religión judía. Por ejemplo, en Turquía, donde me tocó nacer, el Corán fue traducido al turco por orden de Kemal Atatürk para que fuera comprendido por el pueblo. Pasadas unas décadas, todos volvieron al árabe original, a pesar de que sólo pocas personas lo comprenden. Ello evidencia que el dominio sagrado requiere de una distancia, de una lejanía de lo cotidiano y que el sentido literal de los textos es menos importante de lo que suponemos en esta época nuestra, tan perjudicada en favor de “decirlo todo”.
El Rabino Matzliah Melamed, jefe espiritual de la comunidad sefardí de Miami, Florida, y recopilador del Sidur Tjelet Matzliah Hashalem (Miami, 1978), libro de plegarias según el rito sefardí consultado para la versión que presentamos, al llegar a este himno se disculpa: “Teniendo esta melodía un sentido cabalístico, no puede traducirse literalmente. Por esta razón hice una traducción libre, dándole el sentido cabalístico más aproximado al que este cántico nos quiere transmitir”. De esta manera elegante, supongo, se ahorra tener que enfrentarse con el motivo espinoso de la “sacra cópula”.

El gran “accidente” cósmico y su redención

Las iniciales hebreas de Isaac Louria, el ashkenazí, crean la palabra Haari, es decir “El León” y por esto sus discípulos recibieron el apodo afectivo de “Los cachorros del León Santo”. El grupo de Rabí Isaac Louria y sus “cachorros” extasiados, se refugiaban en las montañas de la Alta Galilea, en los alrededores de Safet, para meditar en la naturaleza con absoluta devoción y entrega, utilizando kavanot, es decir, invocaciones, intenciones, o combinaciones mágicas conocidas por los iniciados, para acercar la llegada del Mesías esperado, la redención del pueblo de Israel y de todo el universo.
A diferencia de las teorías cabalísticas anteriores, Haari desarrolló su teoría de la creación del Universo, que curiosamente se acerca a la teoría del Big-Bang de los astrofísicos modernos: la teoría del Tsimtsum, o sea la concentración o el misterio de la contracción de la divinidad omnipresente que posibilitó un espacio “vacío de su presencia”, si se puede utilizar este término paradójico, y que propició la creación del universo material, inferior a la Luz primaria, el bien del Génesis. Como resultado de este “accidente cósmico”, el universo sufrió una explosión y sus nitsotsot, partículas, centellas, como aquellas chispas de oro puro, se mezclaron trágicamente con las kelipot, las cáscaras de materia gruesa, inferior, mala. Desde entonces, estas chispas dispersas y cautivas dentro de la materia inferior anhelan acercarse la una a la otra para reconstruir la unidad primaria, lo que significaría la última salvación.
Tal teoría, que a primera vista parece muy esotérica, alejada de la vida cotidiana, logró dar una explicación más convincente sobre el origen del mal existencial. Por darle al ser humano una misión decisiva, resultó tener una influencia notable: el ser humano, con sus hechos, pensamientos y actitudes puede impregnar de santidad todos sus actos, hasta los más ordinarios, como la comida o los contactos sexuales. Mediante sus actos positivos, cualquier hombre, por más humilde que sea, puede participar activamente en la redención, es decir, unir las partículas, “ayudar a Dios” si se puede decir. O lo contrario, con sus actos negativos, fortalecer el mal y alejar el triunfo final de lo bueno, actuando contra la voluntad divina de realizar la redención.

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Friday, 10 July 2009

Del exorcismo hasta la histeria

Del exorcismo hasta la histeria

Traducción del cuento e introducción: Shlomó Avayou

Es ampliamente conocido y admirado el legado de la poesía hebrea medieval, me refiero a la poesía creada en la Península ibérica en la Era del Oro (siglos XI-XIII). Menos conocido y menos apreciado es el legado del cuento hebreo de aquella época y de los siglos más tardíos, a pesar que no es despojado de gracia, de humor y de estética.
El critico literario israelí y uno de los editores de Keter, en Jerusalén, Jayyím Pesáj, recopiló y publicó una valiosa y anotada selección de semejantes cuentos titulada: “El caballero, el espíritu y la virgen – antología de cuentos hebreo medievales”, versión que utilicé para ésta traducción al castellano de nuestro cuento. Pertenece al variado genero de cuentos mágicos, un genero que floreció en Safét en la época de los gran místicos Isaac Luria (1535?-1574?), y de principal discípulo, Jayyím Vital ( 1540?-1590?) y que logró a tener una amplía circulación popular.
Más tarde, el genero será conocido en Europa Oriental, como cuentos de dibbuk, es decir, malos espíritus que poseen, preferiblemente mujeres extrañas, y de vez en cuando, alguna doncella virgen. Este genero literario de leyendas de santos, hacedores de milagros esta dotado con un aparentemente sencillo, pero atractivo, no carente de humor. Por ejemplo: el fantasmagórico ex talmúdista y parlanchín, pretende comprender, mejor que el rabino exorcista, un versículo bíblico... o la implicada burla contra los judíos iraníes de parte de los judíos otomanos.
Muchos de estos textos son traducciones o adaptaciones de la literatura del ambiente musulmán o cristiano de la época. En clara contradicción a la piadosa opinión de nuestros ultra religiosos, que “nunca fuimos contaminados por las literaturas profanas y pecaminosas de los gentiles”, un sinfín de documentos prueba lo contrario. Nuestros curiosos eruditas y, no menos importante, las masas judías de las Juderías sefardíes, medievales como renacentistas, eran ávidos consumidores de la literatura popular de su época. La circulación masiva de esta literatura era, naturalmente en el idioma vernáculo de las masas judías, Ladino, en este caso. Eruditos medievales han tomado la pena de traducir esos cuentos al hebreo, con alguna apologética o excusa “didáctica”. Uno de ellos nos recomienda, en el año 1279(¡), la lectura de las abigarradas aventuras de los caballeros del rey Arturo, nada menos, que para mejorar la salud y... hacer penitencia (¡).
Nuestro cuento, como muchos otros, es anónimo y fue recopilado en varios manuscritos. Aparte de glorificar a los afamados místicos de Safét, ya bajo el dominio Otomano desde el principio del siglo XVI, atrae nuestra atención a la desesperada situación de la mujer sefardita en aquellos entonces. El exorcismo practicado a menudo en los siglos XVI-XVIII, en las Juderías balcánicas y orientales da pleno testimonio de la deplorable represión de la mujer en estas sociedades. Solteras, viudas, divorciadas, no mencionar las desesperadas agunot (=abandonadas por maridos “desaparecidos”, muchas veces por propia devoción... que las dejaban enterradas en vida décadas completas), eran marginadas o acusadas de hechicería (en nuestro cuento... de herejía religiosa, bastante sorprendente). La represión socio psicológica estallaba en desordenes mentales. En el siglo XVII, como uno de los resultados del falso mesianismo de Shabetay Zeví (1630?- 1710?), acompañado por un desenfrenado comportamiento sexual, ocurrieron casos de histeria colectiva de grupos de judías extasiadas y medio desnudas, “profetizando” en las calles de Estambul... Todo esto, en un ambiente musulmán conservador por excelencia, que no comprendía nada de esta locura contagiosa entre sus tan pacíficos y obedientes ciudadanos judíos, encerrados, en tiempos normales, dentro sus juderías...(Caracas, 1999)

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El espíritu de la viuda posesa

Ocurrió un emocionante incidente con una mujer posesa en la época de nuestro maestro rabino, el divino Cabalista, su eminencia rabí Isaac Luria Eshkenazi, bendita sea su memoria. Y esto para que se sepa y se declare que hay ley y hay juez y nada es olvidado ante Su Trono, bendito sea, a todos juzga con rectitud y con justicia, paciente con los malvados, pero, se recauda de ellos.

Y así ocurrió lo ocurrido. En la época del rabino santo y puro, el divino cabalista, su eminencia, nuestro maestro rabino (conocido como el León Santo), rabí Isaac Eshkenazí, de bendita memoria, en Safét, ojalá Dios vuelva pronto a reconstruirla, vivía una mujer viuda posesa por un espíritu que la torturaba y le hacía sufrir. Muchos la visitaban y conversaban con él, le preguntaban y él les respondía conforme sus preguntas. Mientras así entró un Jajám (=sabio, rabino sefardí), discípulo del León Santo, que se llamaba jajám Yoséf Arsin. El espíritu se apresuró a recibir al jajám con: “¡Bien venido sea mi maestro y mi rabí! ¿No se recuerda su Merced de mí, que fui, por largo tiempo, su alumno en Egipto? Me llamo fulano de tal, y mi padre zutano, ambos naturales de Egipto.” El jajám lo conoció y se fue.
Al ver los familiares de la mujer el sufrimiento y el dolor de ella, que se agravaron mucho, fueron al rabino, a su eminencia, a nuestro maestro rabino, rabí Isaac Luria, bendita sea su memoria, para exorar que exorcice el espíritu de la mujer. Siendo que no tenía tiempo libre en aquella hora para ir, mandó a su discípulo, a nuestro maestro rabino, rabí Jayyím Vital, bendita sea su memoria, entregándole kavaná beshemót (= formulas de meditaciones y mantras) le exigió que decrete contra él anatemas y juramentos y lo exorcice a su pesar.
Al asomarse nuestro maestro, rabí Vital en la entrada de la casa, la mujer volteo de repente su mirada hacia la pared. Le dijo nuestro maestro rabí Jayyím, bendito sea su memoria: “¡Malvado! ¿Por qué volteaste tu mirada de mí?” Le respondió el espíritu diciendo: “No puedo mirar su rostro siendo que está vedado para los malos mirar el rostro de la Shejiná (=la Divinidad).” De repente decretó nuestro maestro rabí Jayyím Vital que voltee su mirada, y pronto hizo así. Siguió rabí Jayyím hablando y le preguntó: “¿Cuál fue tu pecado y tu delito que fuiste castigado tan severamente?” Respondió diciendo: “Adulteré con una mujer casada y tuve hijos mamzerim (=bastardos, religiosamente impuros). Hace unos veinticinco años que vagabundeo dolido así sobre la faz de la tierra. Ningún reposo para mí siendo que tres ángeles de destrucción me acompañan dondequiera que vaya, me castigan y proclaman delante de mí: “¡Esto se lo merece el que aumento a los bastardos en Israel!”. Eran esos los tres ángeles de destrucción aludidos en el versículo “encomienda sobre él a un maldito, Satanás será su compañero etc.” En continuación le preguntó el espíritu a rabí Jayyím Vital: “¿No ve su Merced un ángel a mi derecha, otro a mi izquierda, mientras me latiga el tercero y me imparte una tremenda paliza?” Respondió rabí Jayyím Vital ”Pues, ¿no nos han enseñado nuestros sabios, bendita sea su memoria, que ´durará el castigo de los malvados en el Gueinom (=infierno) hasta doce meses?´
Advirtió el espíritu diciendo: “Se equivocó su Merced en la interpretación de dicho versículo. Eso que dijeron nuestros sabios, bendita sea su memoria, ´durará el castigo de los malvados en el infierno hasta doce meces hay que interpretarlo, después del sufrimiento por sus delitos fuera del infierno. Solamente entonces los reciben en el infierno y allí permanecen doce meses. Los blanquean y los lavan de sus pecados para limpiar las manchas de su alma, para que puedan integrarse luego en el paraíso. En semejanza al médico experto que trata al principio la llaga con medicamentos fuertes y ácidos, que consumen la carne viva de la llaga, antes de poner sobre ella unciones y emplastos que enfrían la carne y la hacen recuperar. Así es el asunto del Gueinóm. El sufrimiento en él no llega ni a uno en sesenta de lo que sufre el alma antes de entrar ahí.”
Luego le preguntó rabí Jayyím cómo fue su muerte. Dijo: “Morí estrangulado. Pese a la abolición de las cuatro formas de ejecución (aplicadas por el antiguo Sanedrín: lapidación, cremación, decapitación y ahorcamiento), la ley de dichas ejecuciones no fue abolida. Y así, zarpando de Alejandría en un abarcamiento con destino a Roseta, se atropello nuestro barco donde el río Nilo se desborda al mar. Ahí naufragó el barco que yo monte y me ahogue con él”
Se dirigió a él su eminencia, nuestro rabino, rabí Jayyím Vital, bendita sea su memoria: “¿¡Y por que no pronunciaste la confesión y admitiste tus pecados mientras salía tu alma de tu cuerpo, tal vez eso te ayudaría?!
Contesto el espíritu diciendo: “¡Desgraciado de mí! No tuve tiempo para confesar, porque de repente me estrangularon en mi garganta. Y además, en el naufragio perdí la razón.”
Preguntó el rabino, entre otras: “¿Que pasó después de la salida de tu alma?”
Respondió el espíritu y dijo; “Sepa Su merced, que la noticia del naufragio se difundió en Roseta, Pronto salieron los judíos de Roseta a las orillas del río y sacaron a todos los muertos judíos para enterrarlos en el cementerio. Mas, al dejar los judíos el cementerio se presentó un ángel cruel con un cetro de fuego en su mano y latigó con aquel cetro sobre mi sepulcro. Aquel latigazo resultó tan grande y enorme que la tumba se partió en dos. De inmediato me dijo el ángel: “¡Malvado! ¡malvado! Levanta y preséntate al juicio!” Pronto me tomó y metiéndome en su honda me lanzó de un tiro desde Roseta hasta la entrada del infierno en el desierto. Apenas caí cerca de la entrada del infierno, salieron de él una miríada de almas de malhechores condenados al fuego, todos gritando y maldiciendo: “¡He aquí un pecador sanguinario! ¡Sal de aquí malhechor, vergüenza de Israel, no mereces aún integrarte aquí, ni tampoco tienes el permiso de asomarte al infierno!”
Entonces me fui, deambulando de un monte a otro, de un cerro a otro, y la triada de ángeles devastadores andando siempre conmigo, sin dejar de anunciar (mis pecados) y de azotarme. Otros diablos, sintiendo el pregono, venían y añadían sus latigazos también, uno agarrándome por aquí y el otro agarrándome por allá, hasta que todas las vértebras de mi alma estaban casi derramadas. Así continué mi vagabundeo hasta que llegue a Hormoz, una gran ciudad cerca de India, ahí, allende de Babilonia. Tenía intención de invadir algún cuerpo judío para refugiarme de aquellos latigazos y penas. Mas, siendo que aquellos judíos son sumamente malhechores, pecadores contra Dios, teniendo relaciones íntimas con no judías, y con mujeres en menstruación, entre muchos otros delitos, no pude meterme ni en un cuerpo de ellos, de lo impuros que eran, ellos y su ambiente, ¿Si decidía entrar en uno de ellos - para que me valía? ¡Sería correr el riesgo de contagiarme con impureza sobre impureza, daño sobre daño! Pues, me retiré de allí, y sigue vagabundeando del monte al cerro y del cerro al monte, años tras años, hasta que llegué al desierto de Judea. Allí encontré una gacela y por la grande que era mi pena me posee de ella. Eso fue después de unos siete años de penas y de una multitud de males.
El acomodarme dentro su cuerpo resultó sumamente penoso, pues el alma humana y el alma animal no son iguales, una anda recta y la otra agachada. Y además, el alma animal esta llena de impurezas, es repugnante y hedionda, su olor molesta al alma humana. Y eso también, que su comida no es la del hombre. Por añadidura, me molestaba el embrión que llevaba en su vientre. La gacela, de su parte, sufría mucho, tres almas que no soportan vivir junto, se le infló el vientre, por culpa de mi alma, y corriendo con gran pena entre montes y rocas se le reventó la panza y cayo muerta.
Salí entonces de ahí y me acerque a una de estas ciudades aquí, en Tierra de Israel, y me apoderé del cuerpo de un Cohen, judío. ¿Qué hizo? Llamó a unos santones y religiosos ismaelitas, y de tantas evocaciones que hicieron a los espíritus impuros, además de los talismanes que colgaron en mi garganta, no pude soportar más y tuve que salir de ahí”.
Se apresuró el rabí a decirle: “Ah, pues ¿ya estas convencido de la potencia de esos espíritus impuros en dañar o en curar con su voluntad?
“¡Nada de eso! Pues, de tantos espíritus impuros que lograron a poner aquellos santones con sus conjuros en el cuerpo del Cohen, tenía miedo que me iban a contagiar, y no pude soportarles. De repente me escapé de ahí y me fui a Safét, ojalá Dios vuelva pronto a reconstruirla, y me adentré en el cuerpo de esa mujer, y aquí sigo sufriendo en los últimos veinticinco años.”
Le dijo el rabino: “¿hasta cuando permanecerás en esta pena? ¿No tienes ninguna salvación?”
Le respondió: “hasta que morirán los mamzerím que les di vida, pues que todo el tiempo que esos viven y existen – ¡no tengo otro remedio!”
Todo el gentío que se acumuló ahí, toda una multitud de gente, lloraron todos en gran llanto. Estremecidos por la magnitud del miedo que se apoderó de ellos, por razón de todo aquel asunto, hicieron en toda la ciudad una penitencia impresionante.
Siguió el rabino y dijo: “¡Dime! ¿Quién te permitió entrar en el cuerpo de esta mujer?” Respondió el espíritu: “Pues, pernocté una noche en su casa. Al amanecer se levanto esta mujer y corrió a prender el fuego (frotando) una piedra con un hierro, y sin embargo, el helecho no quería captar las chispas. Mucho insistió y todo en vano. Con mucha rabia lanzó la piedra y el hierro al suelo diciendo: ´¡Vete al diablo!´ Pues al pronunciar estas palabras diabólicas pude poseerla, los propios ángeles destructores me lo permitieron.”
Se asombró el rabino: “¿Solo por este delito de ella te concedieron el permiso de apoderarte de ella?”
Contestó el espíritu: “No, es que su apariencia inocente, exterior, confunde mucho... ¡Ella se atrevió a dudar la veracidad del éxodo de Egipto! En la noche de Pesaj (=La Pascua), cuando todo el pueblo de Israel están en regocijo, canturreando alabanzas, y narrando las peripecias de la salida de Egipto, esta mujer cree que es todo una vanidad, meramente un chiste, puro pasatiempo. Entreteniendo en su corazón que, ¡nunca jamás ocurrió un milagro semejante!”
En aquel instante investigó el rabino a la mujer: “¿Cree Vd. con fe completa que él Santo Bendito Él creó los cielos y la tierra? ¿qué puede hacer todo lo que desea? ¿qué no existe quién le diga qué haces?”
“¡Definitivamente! ¡Creo en todo!”
Siguió aún preguntando: “¿Cree Vd. que además que el Santo Bendito Él nos sacó de Egipto, también rasgó el mar para nosotros?”
“¡Sí!”
Añadió el rabino: ¿Cree Vd. en todo eso con fe completa y hace penitencia y se arrepiente por todo lo anterior?”
“¡Sí!” admitió, saltándole las lágrimas.
En aquel instante decretó nuestro maestro rabino, rabí Jayyím Vital a aquel espíritu, y advirtió con anatemas prohibiéndole emerger por cualquier miembro, sino que por el meñique del pie izquierdo. Sabido es, que por donde emerge el espíritu, aquel miembro se estropea, se pierde definitivamente. Y además, utilizó el rabino las meditaciones mántricas que le entregó su maestro. No tardó el meñique en inflarse como un nabo. De ahí salió y levantó el vuelo.
Pasando tiempo volvió el fantasma a aparecer en las ventanas de la casa y a asustar a aquella mujer. Volvieron los familiares de esta última y se presentaron frente el rabino. Este se apresuró a mandar a su discípulo, el ya mencionado rabí Jayyím Vital, para escudriñar la mezuzá (que contiene un pergamino, escrito a mano, protector de la casa) a ver si se mantuvo kosher o no. ¡No encontró ninguna mezuza!. Ordenó el rabino de clavar una mezuza en la entrada y pronto fue obedecido. Pues, sí, de aquel día adelante nunca jamás volvió a aparecer dicho espíritu.
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Thursday, 9 July 2009

Pequeña galería israelí


Pequeña galeria Israeli...


Asher Reich

Con traduccion al hebreo
Por Shlomo Avayou

Las raices del verano
.
La ventana siempre es verano
y en invierno mis persianas,
ellas mismas,
se arrancan de sus goznes.
.
He aquí el vacío caótico
de mi vida. El graznido, las ranas
me llegan vía las raíces de las noches
desde el pántano, aún no nacido.
.
Muy fulgurante el verano que succiona mis días,
que me separa de mis noches. Tel Aviv quema
mis nervios. En un parque, para reponerme
me siento sobre un banco triturado meditando
sobre mi futuro que se va acortando. Mis recuerdos
documentados, lo único que trasmitiré a mi hijo.


De ¨Moznaim¨ (= la balanza), bimensual
de la organización de los escritores hebreos,
num. 5-6, verano 2008.
# .

Un documento
.
Soy un hombre solitario
en un país aislado
que me aisla.
Vivo de una hora a la otra
con mi espalda al mar enorme
y un sol ardiente sobre una tierra
escaldada por promesas y sortilegios.
Yo, aquí, atento a los latidos de la redención
vuelvo y rediscubro la soledad,
vuelvo y releo a Robinson Cruzoe,
viviendo alguna hora su gloriosa soledad,
pensando como se volvio mi vida
una remota isla.
He aqui, yo, al borde de un cafe,
reliquia de unos ayeres,
en el muelle sielencioso de Yaffa.
Aquí aterrizaron los primeros pioneros.
Aqui, mis antepasados, refugiados en busca de redencion,
empujados por sueños magnificos. Aqui retumbaron
estallidos y júbilos, el génesis de los días al final
del viaje de mis padres a su cabo de la Buena Esperanza.

Del libro ¨Temunat Matsav¨
(= Informe sobre la situación),
HaKibbutz HaMeujad, Tel Aviv. 1975.
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Wednesday, 1 July 2009

Poesía Mística

Ya Señor del mundo...

Shlomo Avayou

Este artículo se lo dedico a Joan Margarit
que en 2008, en su tercera visita a Israel
dando en Jerusalén su recital sobre la segunda
antologia de su poesía (con mi traducción
al hebreo) fue acompañado por el trubador
Yair Dallal y su alaud que cantó “Ya Señor
del mundo”, en su arameo original
...

Con la destrucción del centro cultural judío en la península ibérica la venerada poesía hebrea se refugió en nuevos centros: Nortáfrica, Grecia, Turquía, Palestina y El Yemen, en el sur de Arabia. Esta creación poética, desarraigada de su entorno hispano y planteada dentro del entorno turco e árabe, produjo en los siglos XVI-XVIII, una abundancia de creadores epígonos y de creaciones anémicas en la mayoría de los casos.

Mas, no sólo en la magnificencia de la pleamar, sino que tambien en la bajamar, late la vida que no deja de asombrarnos, y uno puede encontrar, aquí y ahí, unos graciosos piyyutim (=cánticos). Estas creaciones artísticas desafían al tiempo y a las “escuelas literarias” en boga; acompañadas con sus melodías orientales triunfantes, captan, hace siglos, el aprecio de la élite, y el profundo afecto de las masas.

Rabí Israel Najjara, como el más ilustre epígono de la clásica poesía hebreo española de los siglos anteriores imitó también la conocida tendencia de sus poetas (musulmanes como judíos) de escribir en su juventud poesía secular, mundana, antes de dedicar su talento poético a la devoción religiosa, al acercarse la vejez. Najjara compuso centenares de piyyutim que expresan sus anhelos por la redención y se caracterizan por su elocuente lenguaje y estilo refinado. En la mayoría de los casos fueron escritos en hebreo. El siguiente cántico, que traduje al castellano, “Ya Ribbon Allam”, constituye una de sus obras más conocidas, sin que su arameo, desconocido en la actualidad por la gran mayoría de los judíos, afecte su popularidad.

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Cántico de Sábado
(Ya Ribbón Allam =Ya Señor del mundo)

Por Rabí Israel Najjara (1555- c. 1625)

Ya, Señor del mundo y de los mundos.
Tú eres nuestro rey, rey de los reyes.
Tus sublimes hazañas y tus maravillas,
¡qué bueno es proclamar delante de ti!

Alabanzas ordenaré mañana y tarde,
a ti Dios santo, creador de toda alma.
Ángeles santos e hijos de hombre,
animales silvestres y aves del cielo.

Enormes son tus obras y muy potentes:
Rebajas a poderosos, a quebrantados enalteces.
Si viviera el hombre hasta un milenio
no podría darse cuenta de tu proeza.

Dios, son tuyas la grandeza y la honra.
Salva a tu rebaño de la boca de los leones,
libera a tu pueblo del cautiverio,
el que elegiste entre todos los pueblos.

Vuelve a tu templo, a tu Sacrosanto,
donde se deleitarán espíritus y almas.
Te ensalzarán con loas e himnos de alabanza
en Jerusalén, ciudad de suma belleza.

Anotacíon:

Verso 1: Sin duda, Israel Najjara, siendo sefardí, era un hábil poliglota. Aparte de su ladino (judeo-espanol), hebreo y arameo, conocía el árabe, tal vez, el turco. Utilizando, sofisticadamente, el significado de Ya (= Dios, en hebreo), y la conotación de la misma sílaba en árabe (= Interjección utilizada al dirigirse un individuo a su amigo) - logrando así a revestir su cántico con una aura de intimidad casi familiar con Él.

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Entre Safet, Damascos y Gazza

Israel Najjara, el autor de dos colecciones de poesía: Zemirot Israel (= Cantos de Israel) y Mesacheket Batevel (= Jugando en el mundo), nació en 1555, probablemente en Safet, Palestina, donde se imprimó al menos uno de sus libros. Es bien conocido que en el siglo XVI, esta ciudad montañosa fue el centro más importante de la Cábala. Menos conocida es la base económica de tal centro.

Los expulsados de España, con su alto nivel cultural, trasladaron al Imperio Turco Otomano, no solo las adelantadas tecnologías de la imprenta, de la cartografía o la de fundición de cañones, sino que también los Batanes, aquellos antiguos y ruidosos artefactos de madera, que adelantaron la industria textil (y que tanto asustaron a Don Quijote en una de sus heroicas vigilias nocturnas...). Safet juntos con Salónica, Grecia, florecieron económicamente y se volvieron en centros proveedores de uniformes militares para los victoriosos ejércitos otomanos.

Najjara, todavía joven tubo que abandonar Safet y trasladarse a Damascos. Su padre, Moisés, fue contratado como rabino por la importante comunidad sefardita de esta metrópoli siria. Ahí amplió sus estudios talmúdicos, su iniciación cabalística y su fama como poeta. Hay investigadores que opinan su vida bohemia, su afán por la sofisticada música Otomana (y su afinidad con los poetas musulmanes Sufíes, añadiría yo) despertaron las sospechas de los rabinos, que el miedo de herejías les fue “contagiado” por sus antiguos adversarios, los Inquisidores españoles. Israel tuvo que dejar Damascos y vagabundear en el Mediano Oriente. Al final optó volver a Safet, esperando ser acogido por los místicos. Luego se pasó a Gazza, en el sur de Palestina, hoy mundialmente conocida como la residencia de Yasser Arafat (en 1999 al escribir estas lineas, hoy dia, en 2009 ... del notorio Jamás...) - , y que entonces abrigaba una comunidad judía con acentuadas aspiraciones mesiánicas. Ahí ejerció como nombrado cabalista, rabino y posek, (=experto jurídico), hasta su muerte cerca 1625.
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